Tuvieron que pasar tres días para que a Dagen se le
pasara el disgusto, entrando en razón y recapacitando sobre su reacción ante el
error de Izain. No podía dejar que por ese episodio perdiera al único que podía
ayudarle en su camino para unirse a PUG. Era difícil comprender que un chico se
sintiera atraído por él pero no podía culparlo. Fuera lo que fuera aquello que
Izain veía en él lo aturdía demasiado y por eso podía llegar a ser descuidado. Y por ello, tenía que ser paciente
y comprensivo, consciente que debía tragarse su orgullo y disculparse.
Decidido a no posponerlo más, tomó el teléfono para
llamarlo. Izan contestó casi de inmediato, como si estuviera esperando su
llamada.
“¿Bu-bueno?”
“¿Izain?”
“Ah...Dagen...”
“Oye, solo llamaba para...este...disculparme por haberme
enojado contigo...”
“No tienes por qué. Fue mi culpa. Debí...”
“Aja. Entonces... ¿cuento contigo para seguir con las
pruebas?”
“Si. Desde luego.”
Dagen suavizó su voz, siguiendo su estrategia para
asegurarse de ganárselo.
“Si quieres puedes venir a mi casa hoy para, tú sabes,
pasar el rato. Ya me comí el salmón, y te aseguro que no te habría hecho bien.
Me mantuvo enfermo del estomago todo el día pero si vienes, puedo preparar algo
de...”
“Lo siento. No puedo ir ahora. Mi mama no se siente
bien hoy y tiene que guardar cama. Debo quedarme para cuidarla.”
“Comprendo. Tal vez mañana...”
“¿Dagen?”
“¿Si?”
“¿No podrías venir a mi casa tú? Digo, si quieres...”
Dagen lo pensó un momento y decidió que no tenía caso
negarse ante su petición.
“Está bien. No hay problema. Dame la dirección y voy
de inmediato.”
Mas tarde, Dagen se adentraba en un humilde
vecindario, buscando la casa de Izain. Le tomó como diez minutos para encontrarla
y el mismo Izain lo recibió en la puerta.
“Dagen. Pa-pasa.”
Dagen se sorprendió al estar dentro. Por fuera la casa
mostraba un aspecto lamentable, pero adentro era mucho mas agradable. Había
algunos muebles, mesas y manualidades baratas, propiciando un ambiente
acogedor. Izain lo observaba con timidez, temiendo lo que pudiera decir.
“Que bonita casa, Izain. Y pensar que viven en este
barrio tan...lúgubre.”
“Mi madre cree que es un buen vecindario. Ella trabaja
duro para mantener la casa y a mi.”
“¿Dijiste que estaba enferma?”
“No. Solo cansada. Ella...”
La madre de Izain apareció en el umbral de la sala,
envuelta en una cobija, y se aproximó a los dos muchachos. Era una mujer joven
todavía, pero algo demacrada, acentuándose en su expresión el agotamiento por
un trabajo que ameritaba constantes desvelos y uso constante de la fuerza de
voluntad.
“Tú debes ser Dagen. Bienvenido.”
“S-si. Mucho gusto, señora.”
Ella sonrió y acarició la cabeza de Dagen, incomodándolo
un poco.
“Izain habla mucho de ti. Me alegra que hayas venido a
visitarnos. Mi hijo no tiene muchos amigos.”
Dagen pensó que debía decir algo para rectificar.
“El es...el mejor amigo que he tenido.”
“¿Lo es? Que bueno.”
Izain miraba a Dagen con ansiedad. Quería creer
desesperadamente que lo hubiese dicho en serio, pero no podía asegurarlo. Su
madre se acercó a él y lo besó en la frente.
“Les preparé algo de comer a ti y a tu amigo, Izain.”
“Pero estás cansada, mama. Deja que yo me haga cargo.”
“No, descuida. No estoy tan mal como para no entrarle
un poco a la cocina. Además, es una ocasión especial porque es la primera vez
que tu amigo viene de visita.”
“Está bien, mama. Pero yo lavaré los platos ¿si?”
Mientras comían media hora mas tarde, Dagen estaba
pensativo. Podía percibir que Izain y su madre estaban muy unidos. Incluso sospechaba
que ella estaba consciente de lo que su hijo sentía por su invitado (y no
porque Izain se lo hubiera confesado, algo que dudaba mucho). Esa comprensión
entre ambos lo perturbaba, porque Dagen no conocía nada de eso. Sus padres eran
tan distantes, inmersos en sus trabajos aburridos, y apenas existía la
comunicación entre los tres. Desde pequeño, se sintió apartado por ellos,
refugiándose en la cotidiana vida escolar donde sólo se adaptaba sin sentir que
realizaba nada particularmente importante, manteniéndose así hasta que encontró
la irregular motivación de PUG. Pero verlos a ellos dos de esa forma, le
producía una sensación casi dolorosa, porque le hacia recordar algo que había
perdido. O más bien, algo que nunca tuvo.
“Dagen, ¿quieres venir a mi cuarto?” Le preguntó Izain
cuando terminaron de comer y lavar los platos.
“Bueno...”
En el cuarto Izain, pequeño y ordenado, había un viejo
piano al lado de la cama y llamó la atención de Dagen.
“¿Tocas el piano, Izain?”
“Si. Desde hace años. Es lo que hago para
entretenerme. Mi mama tuvo que hacer muchos sacrificios para comprármelo y
pagarme las lecciones con las que aprendí a tocarlo. No soy muy bueno aun pero…”
“Tu madre te quiere mucho, ¿verdad?”
“Si. Yo soy todo lo que tiene. O eso es lo que dice
ella, pero yo también la quiero.”
“¿Trabaja demasiado?”
“Si. Tiene que mantener dos empleos que le consumen la
mayor parte del día y a veces le toca cumplir encargos extra. No me gusta pero
ella dice que aun soy muy joven como para ayudarla y prefiere que me limite a
estudiar.”
“Ya veo…”
Izain se dio cuenta de la expresión triste que se
reflejaba en Dagen.
“¿Te sientes bien? Te veo un poco desanimado.”
“No es nada. Solo pensaba que...tú eres muy
afortunado. Ya te habrás dado cuenta de que mis padres nunca están en casa.
Prácticamente vivo solo. Tu tienes a tu madre y yo no tengo a nadie.”
Izain se acercó a Dagen y lo abrazó por la espalda.
Dagen se estremeció ante el inesperado y cariñoso contacto, pero esta vez no se
resistió.
“No es cierto, Dagen. Yo te quiero mucho.”
“Izain, recuerda que yo no...”
“En estos momentos no te lo digo porque me gustes. Es
que...a fin de cuentas, creo que nos hemos vuelto amigos y los amigos se
quieren entre si ¿o no?”
“Bueno, admito que estaba necesitando un abrazo…”
“No me gusta verte así, tan triste. Déjame hacer algo
para que te sientas mejor.”
A pesar de todo, Dagen empezó a dejarse de sentir
vulnerable, temiendo que Izain tratara de besarlo con consecuencias que no
tardarían en desatarse (su puño en su cara en su propia casa y en su propio
cuarto). Pero en vez de eso, él se apartó y se sentó frente al piano, empezando
a tocar una hermosa melodía. Dagen quedó sorprendido y aliviado a la vez. No
era amante de esa clase de música pero era un sonido agradable y
tranquilizador.
“Tocas muy bien, Izain. No tenía idea...”
“La música me alegra cuando estoy triste.”
“¿Esto es lo que sueles hacer? ¿Que puede ponerte
triste?”
“Solo una cosa, pero no hace falta decirlo. Me alegra
que, al menos, estés aquí…”
“¿Eh?”
“N-no me hagas caso, Dagen. Solo relájate y escucha.”
Durante media hora, Dagen disfrutó del concierto
privado que Izain le oficiaba, interpretando diferentes melodías del limitado
repertorio que dominaba. Los sentidos de Dagen se sentían afectados por la
música, pero no era sólo el sonido. Podía percibir la pasión con la que Izain
tocaba esas teclas, provocando que hasta su corazón se acelerara. No había
imaginado que él tuviera tales habilidades, sintiéndose cautivado en cierta
forma por el descubrimiento.
Hubiera querido quedarse más tiempo pero Dagen se
sacudió el aturdimiento, decidiendo que ya era hora de irse. Había hecho su
buena obra, reparando el daño del incidente anterior. Se despidió amablemente
de la madre de Izain y felicitó a este por sus habilidades musicales.
“Tenemos que esperar por la tercera prueba. Yo te llamaré
cuando me den el aviso.”
“De acuerdo. Pero ¿estas bien? ¿Ya no te sientes
triste?”
“Me siento mejor. Gracias. Es solo que tú tienes una
mejor vida que yo...”
“No es así. Sólo tenemos vidas diferentes pero estoy
seguro que también tienes algo bueno.”
“Ahora si. Nos vemos, Izain.”
“Cuídate mucho.”
Izain lo abrazó afectuosamente y Dagen no se resistió,
devolviéndoselo con torpeza. Tardó casi un minuto entero en dejarlo ir y darse
la vuelta para retirarse.
Al regresar a su casa, Dagen se dio cuenta de que había
recibido un nuevo mensaje, anunciando cuando y en que consistía la tercera
prueba.
Espero pacientemente hasta que llegó el día.
Dagen llamó a Izain para que viniera a su casa, ya que
la prueba se realizaría ahí de nuevo. Izain acudió prontamente y Dagen se emocionó
al verlo pero intentó disimular, actuando con naturalidad.
“¿Y ahora que haremos?”
“Es casi como la prueba de la cacería de estrellas...pero mas peligrosa. Tiene que ver con
fuego.”
“¿Fuego?”
“Para eso hay que usar esto.” Dagen sacó un extintor.
“No sè de donde, pero dijeron que aparecerían serpientes de fuego. Lo que
tenemos que hacer es extinguirlas a todas sin que nos dejemos tocar por el
fuego.”
Izain tragó saliva.
“No te preocupes. Si nos quemamos, aplicaremos esto y
no pasara nada. Lo importante es acabar con todas esas.... ¡Ah!”
En segundos, Dagen e Izain se vieron rodeados por
serpientes de fuego que se arrastraban por el césped, habiendo surgido de la
nada.
“¿Como pueden moverse sin quemar nada?” Se preguntó
Izain, observándolas con temor y confusión. “¡El suelo está intacto pero arden
y se puede sentir el calor!”
“Cálmate. Anoche llovió y el césped sigue húmedo. Eso
explica todo. Hay que empezar a extinguir ya. ¡Toma el otro extintor de
inmediato!”
Y así comenzaron. Las serpientes eran rápidas y los
reflejos de los dos muchachos también. Tenían que correr de un lado para otro
para evitar que ellas los tocaran. En cuanto el extintor se activaba, estas
desaparecían. Lo extraño era que al ser extinguidas no dejaban rastros, lo cual
desmentía la teoría de que fueran robots o seres sintéticos. Era como si fueran
fuego animado por alguna influencia incomprensible.
Izain fue “mordido” por una de ellas y su pantalón
empezó a arder. Dagen se apresuró a socorrerlo, pasando por varias serpientes,
evitando que la ropa de su compañero se consumiera. Después, terminó con las
últimas serpientes.
“¿Estas bien?”
“Si. Aunque casi pierdo mis pantalones...”
“Creo que pasamos la prueba. ¿Que te parece? ¡Ya solo
faltan dos!”
“Que bueno. ¿Pero no lo habré arruinado?”
“No. Se referían a quemaduras en el cuerpo. La ropa no
cuenta.”
Sin querer, el brazo de Izain rozó el de Dagen y le
produjo escalofríos. No había visto a Izain desde que fue a visitarlo y había
querido evitar pensar en él, sintiéndose extraño cuando lo hacía.
“Dagen, me alegra que pronto tu sueño se hará
realidad.”
“Bueno...No lo habría logrado sin ti.”
“Me halagas. Pero creo yo no hubiera ayudado a ninguna
otra persona para esto, ¿sabes?”
“Eh...”
“¿Vamos a celebrar adentro?”
“De...de hecho. No me siento muy bien. Todas esas
serpientes me marearon con su calor. Si, me dieron dolor de cabeza. Mejor regresa
a tu casa y yo descansaré aquí. Ya nos veremos después.”
“Bueno. Si es lo que quieres...”
Dagen pudo notar la expresión herida de Izain y sintió
remordimiento. Pero no se echó para atrás. Cuando él se perdió de vista, Dagen entró
a la casa y fue directo a su cuarto. No tenía ganas de ver los resultados de la
prueba, prefiriendo recostarse. No podía entender lo que le estaba ocurriendo.
Todo había empezado con él tratando de usar a Izain,
aprovechándose sus sentimientos. Al principio le eran indiferentes sus
insinuaciones, pero evidentemente la situación había cambiado. No había sentido
lo mismo antes con ninguna chica. Pero era absurdo. No quería pensar que
estuviese empezando a enamorarse de su compañero. Izain era más joven que él, más
sencillo, con una mejor vida, algo tímido y podía sentirse halagado de recibir
sus afectos pero eso no debía ser. Incluso había empezado a sentir atracción
hacia Izain, haciendo lo posible por ahuyentar esa sensación, pero era
innegable.
“¡No!” Gritó Dagen sin darse cuenta de que hablaba
solo. “Izain no puede gustarme. No es posible que este enamorándome de el. Eso
no tiene que ver conmigo. ¡No puedo más con esto!”
Dagen sabía lo que tenía que hacer. No importa como,
pero si quería librarse de eso, tendría que pasar las otras pruebas por su
cuenta. Después de decirle a Izain que ya no lo necesitaba y que no quería
verlo más.
Lo llamó por teléfono en cuanto calculó que ya debía
encontrarse en casa.
“Izain, necesito hablar contigo. Mañana mismo. No
importa la hora, pero ven a mi casa.”
“Claro, Dagen. Ahí estaré.”
Se
lo diré de frente, se decía Dagen. No
importa cuanto lo lastime con esto. No quiero seguir siendo victima de
sentimientos confusos y extraños.
Esperó nerviosamente a que Izain llegara. Tenía ya
preparado el discurso que le diría. Sólo tenía que armarse de valor para pronunciar
cada palabra, repitiéndoselo a si mismo una y otra vez para que le saliera
perfecto.
“Izain, has sido bueno conmigo al ayudarme y todo eso,
pero ya no me haces falta. Es por nuestro bien. Tú me haces sentir incomodo y
yo nunca he querido involucrarme de esa forma con un chico. Te puedo parecer
apuesto, pero yo solo quiero serlo para… otra clase de personas. Entiéndeme,
por favor. No debemos vernos más. Si de veras me quieres, aceptarás mi
decisión. Ya está. Tengo que acordarme de decirle todo eso con firmeza.”
Izain llegó, algo apenado. Dagen le abrió la puerta de
inmediato. Quería ir al grano de una vez. No debía dejarlo entrar en la casa
pero la amabilidad le ganó y lo invitó a pasar y sentarse.
“Izain, yo quiero...”
Pensó que no debía precipitarse. Debía estar seguro de
todo. No quería lastimar demasiado a Izain.
Los dos se sentaron en el sofá. Dagen tuvo mucho
cuidado de no acercársele para no dejarse llevar por los impulsos.
“¿Que quieres decirme, Dagen?”
“Primero quiero que me digas algo tú.”
“¿Que cosa?”
“Quiero que me digas desde cuando te...gusto.”
Izain se sonrojó más que en otras ocasiones ante la
inesperada pregunta.
“¿Po-porque quieres saber eso?”
“Dímelo.”
Izain trató de calmarse, respirando profundamente
antes de hablar.
“Desde la primera vez que te vi. Hace seis años. Yo quedé
fascinado contigo por el solo hecho de verte, aunque no estuviéramos en el
mismo grupo porque tú vas un año delante de mí. Sè que es raro que uno lo sienta
cuando es tan pequeño, pero es como si fuera aumentando con el tiempo. Quería
ser tu amigo con desesperación, pero siempre estabas rodeado por otras personas
y temía acercarme y ser demasiado obvio. Así que empecé a mandarte mensajes
para poder expresar mis sentimientos. Aunque sabía que no podrías corresponder
ni tampoco quería que supieras quien te los enviaba. Y…bueno, eso no me salió
tan bien como planeaba, pero…ya sabes.”
“¿Pero por qué te gusto? ¿Nunca te has fijado en otra
persona?”
“No puedo explicarlo. Es algo muy extraño. Yo no me he
sentido atraído por ningún otro chico ni por una chica. Solamente tú me gustas así
y no puedo evitarlo. Eres muy agradable y atractivo. Sabes hacer amigos y eres
amable con todos. Sè que no te gusto en esa forma, pero me conformo con ser tu
amigo. Es lo mas cerca que puedo estar de...”
Izain se detuvo cuando sintió que la cabeza de Dagen
se recargaba en su hombro. Después sintió que los labios de él tocaban su
cuello.
“¡Da-dagen! ¿Qu-que haces?”
Dagen susurró en su oído.
“Me gustas.”
“Yo creí que tú no...”
Dagen siguió susurrándole, incapaz de apartarse de él.
“He estado muy confundido, Izain. Tú no estás seguro
de por qué sientes lo que sientes. Yo tampoco. Pensé que podía cancelar todo y
prescindir de ti, pero la verdad es que no quiero que te separes de mi.”
“De... ¿de verdad?”
“Si. En estos momentos no me importa nadie más que tú.
Ni lo del PUG. Quiero que estés conmigo porque eres el primero que me ha hecho
sentir algo así. Un sentimiento tan... ¡Me encantas, Izain!”
Izain se sentía feliz y aterrado al mismo tiempo, mientras
escuchaba las palabras de Dagen tan cerca de su oído y luego los labios de éste
volvían a presionar su cuello.
“He de haber estado ciego para no fijarme en ti desde
el principio, Izain. Eres la persona más fascinante que he conocido.”
Dagen se apartó un poco al notar que de los ojos de
Izain brotaban lágrimas.
“¿Por qué lloras? ¿Te estoy haciendo daño?”
“No, al contrario. Me siento muy feliz. Yo creí que
siempre serias alguien inalcanzable para mi…”
Dagen sonrió y acarició su barbilla.
“Pues a veces el destino tiene sorpresas, ¿no crees?”
Izain hundió su cara en el regazo de Dagen.
“¡Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, graci...!”
Dagen le tapó la boca con la mano.
“No digas nada más. En vez de eso… ¿Por qué no…?”
Dagen atrajo a Izain hacia su rostro y lo besó en los
labios. Aun sentía correr lágrimas por sus mejillas mientras lo besaba. Dagen
no lloraba, pero estaba profundamente conmovido. El beso que estaban
compartiendo, en ese momento, le parecía el más dulce que había recibido en
toda su vida. Estuvieron besándose y abrazándose durante más de una hora,
apenas ocupándose de respirar.
Al fin se detuvieron y se dirigieron a la puerta.
Antes de abrirla, Dagen abrazó a Izain por la espalda, cariñosamente.
“Mío.”
“¿Que dijiste?”
“Tu eres mío, Izain. De ahora en adelante.”
“¿Lo soy?”
“Y yo también soy tuyo.”
“Ah...”
“Escucha. Cuando hagamos las últimas pruebas, siéntete
con libertad de hacer lo que quieras. Puedes besarme, tomar mi mano, acariciar
mi cabello, lo que quieras. Ya no te voy a reprochar nada.”
“No tienes que decírmelo.”
“Y claro que no nos veremos solo cuando lleguen las
pruebas. Ven a verme cuando quieras y yo haré lo mismo.”
“Si. Dagen, realmente te agradezco mucho el buen
momento que pasamos. Me siento mas unido a ti que antes. Justo como deseaba sentirme
cuando pensaba que estar contigo era solo un sueño.”
“Nos vemos.”
A prudente distancia, dos extrañas figuras observaban
a los dos chicos despidiéndose.
La criatura más pequeña murmuraba.
“¿Y
ese es nuestro futuro miembro mas promitente? Je, je, je. Esto va a ser muy
divertido.”
“Siempre
lo es, amo G.”
Dagen pasó la noche sintiendo una gran inquietud. Aun
no podía creer lo que había pasado. Si, se le declaró por primera vez a
alguien, a un chico al que había besado por largo rato. Una multitud de chicas
estaría fuera de control de hacerse público el hecho, por no decir lo que los
chicos pensarían sobre él, pero eso a Dagen no le importaba. Estaba demasiado
enamorado.
Aun revivía esos momentos, repasando cada instante en
su mente para seguir saboreando los labios de Izan, mientras revisaba sus
mensajes de correo electrónico. Tardó un rato en percatarse del nuevo mensaje
de Sosh.
Felicidades.
Has pasado la cuarta prueba. Posiblemente te estas preguntando cual fue. Pues
bien, esta fue sin aviso. Esta prueba consistía en que encontrarás algo más
importante que cualquier cosa para ti, incluyendo ser parte del PUG y al ver lo
sucedido este día... Bueno, no es necesario decírtelo, ¿verdad? Como sea, le
diste más importancia y eso significa que eres mas apto de lo esperado. Al
haber pasado exitosamente cuatro pruebas, te notificamos que prácticamente ya
eres miembro y la quinta prueba ya no es necesaria. Espera pronto que uno de
nuestros más jóvenes y brillantes miembros se ponga en contacto contigo. Muchas
gracias por tanta dedicación.
“¡Lo hice!” Exclamó Dagen y empezó a dar saltos por
todo su cuarto.
Hasta ese momento recordó su motivación principal.
Tenía que dar gracias al PUG por esto, sin importarle que hayan violado su
privacidad a tal grado. Si no hubiera tenido tanto interés en unirse, nunca se
habría dado cuenta de la existencia de Izain. Todo se lo debía a ellos.
Pasó la mitad del día siguiente presa de un gran
aburrimiento. Quería ver a Izain, pero sin saber porque, le daba pena de ir
hasta su casa.
Entonces tuvo una mejor idea. Ansioso, llamó a Izain
por teléfono.
“Izain, he estado pensando mucho en ti.”
“Si, yo también. ¿Quieres venir?”
“Me gustaría...pero tengo algo mejor en mente.”
“¿Que cosa?”
“¿Podrías venir tú a mi casa?”
“¡Claro! Pero… ¿para que?”
“Mira, ya recibí el mensaje que dice que pasamos la
cuarta prueba. No lo vas a creer pero se trataba de que encontráramos algo más
importante que ser miembros de PUG. ¿Puedes imaginar que fue? El caso es que he
pensado que podríamos celebrar. Tú y yo.”
“¿Celebrar como? ¿Salir a algún lado?”
“No. Quiero que vengas aquí para que estemos solos y
nadie nos moleste. Podemos rentar una película, pedir comida rápida y a ver que
más. Eh... ¿Crees que tu mama te de permiso de quedarte a dormir?”
“Creo que si. Digo, nunca antes he dormido en casa
ajena, pero si es contigo, creo que estará de acuerdo. Por cierto… ¿te cuento
algo?”
“¿Que?”
“Le conté a mama lo de ayer. Bueno, en realidad no
quería decir nada, pero ella se dio cuenta por verme tan contento y adivinó el
motivo. Entonces, ella dijo que esta bien que tenga a alguien especial a parte
de ella para compartir mi vida. No importa que seas un chico.”
“Vaya, si que tienes una madre comprensiva y buena
gente.”
“Je, creo que si.”
“Entonces… ¿te vienes?”
“Si. Sólo déjame avisar y estoy ahí de inmediato.”
“Te espero.”
La felicidad embargaba a los dos, ansiosos por su
próximo encuentro.
No podían sospechar quien o quienes vigilaban de cerca, con ojos ociosos
y malévolas intenciones.
Continuará....

No hay comentarios.:
Publicar un comentario