viernes, 8 de junio de 2018

PUG (Parte 1)



Por: 
Sergio J. López J. 

Dagen era un chico afortunado. O por lo menos, esa era la impresión que transmitía generalmente. A los 13 años, era uno de los estudiantes más destacados en su escuela, sobresaliendo en múltiples aéreas. Recibía la aprobación de los maestros, la admiración de los chicos y la atención de las chicas, ganándose a todos con su habla ingeniosa que le permitía sostener agradables conversaciones. Aparentaba ser algo presumido pero al mismo tiempo emitía tanto carisma natural que hacía imposible el despertar celos o desprecio en cualquier persona que lo conociera.
Sin embargo, había cosas que nadie sabia sobre Dagen. Ni siquiera sus padres, los cuales llevaban meses de viaje (no eran ricos pero tenían una vida fácil), dejando a su hijo solo, cuidando la casa.
El cambio vino eventualmente.
Faltaban pocos días para que terminaran las clases y comenzaran las vacaciones de verano. Dagen estaba empezando a distraerse un poco, aunque no dejaba de cumplir con sus deberes. Tenía algo metido en su cabeza que no lo dejaba concentrarse lo suficiente. Algo que le importaba y le preocupaba al mismo tiempo. No se trataba de algo que pudiera o quisiera comentar con sus amigos ni con las chicas con las que salía ocasionalmente. No era algo que pudiera divulgar particularmente con nadie.
Aquella ocasión, se encontraba inmerso en ese pensamiento mientras se preparaba para regresar a casa, moviéndose casi en modo automático cuando sonó la campana de salida. Distraídamente, recogió un sobre que alguien había dejado sobre su escritorio. Sintiendo curiosidad, abrió el sobre y se dio cuenta de que era otra carta de amor. Hacia semanas que había recibido varias, todas del mismo estilo, indicando que provenían de parte de la misma persona. Considerando que era el objeto de afecto de muchas chicas, era natural que le dejaran cartas, pero en el caso de Dagen, casi siempre ellas se le lanzaban directamente, ya que era muy fácil hablar con él. Dagen asumía que quien quiera que fuera la chica que le enviaba esas cartas, debía ser muy tímida.
Encogiéndose de hombros, dobló la carta y se fue a casa.
“Tengo que revisar la información de nuevo.” Se recordaba a si mismo mientras caminaba y repetía aquella obsesión. “PUG.”
Esto era lo que más le importaba actualmente. PUG. Un pensamiento obsesivo en su mente. Un asunto pendiente al que le daba cierta prioridad.
Apenas hubo llegado a casa, en vez de prepararse la comida, encendió la computadora y se conectó a la red, ansiosos y repitiéndose por enésima vez la obsesiva idea en su mente. PUG.
PUG. Una especie de rumor que había surgido en diversos sitios de la red. Casi nadie conocía su significado ni a que se referían exactamente las siglas.
Captó el interés de Dagen casi casualmente, incitándolo a deducir lo que había detrás de esas palabras, identificándolo como algo muy simple. Una invitación. Básicamente, PUG era una especie de grupo o sociedad secreta, la cual buscaba, con mucha sutileza, nuevos miembros. Debido a que era muy curioso por naturaleza, su interés por PUG creció, al grado de proceder con la investigación exhaustiva de cada sitio donde encontró las vagas referencias, tomando la resolución de que independientemente de lo que encubriera PUG, él sería parte de ello. De acuerdo a sus conclusiones, perfilaba la P como Proyecto, y la U como Ultimo o Ultima (como no fuera algo más ambiguo, como Unificación o Unilateral). Solamente tenía problemas con la G, vislumbrando múltiples opciones. Bien podría ser de Generación, Génesis, General, Guerra o hasta lo que deseaba que no fuera. De cualquier modo, Dagen trató de contactar a algunos que hablaron del PUG y recibió una sola contestación. No le dieron grandes detalles pero le aseguraron que el propósito principal del PUG era provocar un cambio positivo y monumental en el mundo, siguiendo una dirección que acabaría con las reglas que subyugaban a todos y conseguir que lo anormal fuera normal.
Decidido, Dagen solicitó unirse al PUG para averiguar como operaban. ¿La razón? No se molestaba en preguntársela. Todo era por la curiosidad que lo impulsaba, en su esfuerzo por salir de una rutina monótona.
Y esa tarde, recibió la contestación esperaba a través de un correo electrónico que decía:
“¿Así que quieres formar parte del PUG? Muy bien. Las personas que insisten con tanta sinceridad e iniciativa merecen una oportunidad y a ti te la concederemos. Sabemos quien eres y te observaremos de cerca. Para poder aceptarte, tendrás que participar en una serie de pruebas y/o proyectos con los que consideraremos si tienes lo necesario. Te sugerimos conseguir un compañero, alguien de confianza, porque dudamos que tú solo puedas aprobar las pruebas. Próximamente te enviaremos instrucciones para que estés al tanto de cada una de las pruebas y como debes realizarlas. Prepárate y seguimos en contacto.”
Atte.: Sosh
Dagen no era de los que gustan de perder la compostura, por lo que le costó trabajo no ponerse a brincar de alegría y excitación (pese a que no había testigos mas el mensaje le indicaba que podían estarlo vigilando sin que lo supiera).
“¡Por fin!” Exclamó Dagen, sin poder contenerse, procediendo a frotarse las manos. “Una oportunidad.”
Entonces se dio cuenta del inconveniente. ¿Un compañero? ¿Como conseguir uno si no confiaba en nadie en particular? Entre tantos amigos y conquistas, no había nadie con quien pudiera sentirse tan confidente. Adoptar un compañero iba a estar difícil. Si no escogía al adecuado, todo se echaría a perder.
Rayos, pensó. ¿Y ahora que voy a hacer?

Al día siguiente, la inquietud acompañó a Dagen durante su estancia en la escuela, dificultándole el concentrarse. No podía estar seguro de en quien podría confiar para que fuera su compañero en las pruebas. Consideró a muchos pero al final siempre concluía por una u otra razón que lo de PUG era demasiado grande para compartirlo y el involucrarlos complicaría mucho las cosas.
Estaba aburriéndose en la clase de deportes y decidió regresar al salón para seguir repasando posibles candidatos en su mente (pero ya casi no le quedaba ninguno). Al entrar, descubrió a alguien hurgando en su mochila, tomándolo por un ladrón. Iba a llamarle la atención cuando éste se levantó y se marchó sigilosamente por la puerta, sin darse cuenta de que Dagen lo había visto. Apenas alcanzó a verlo bien. Era un muchacho, casi de su misma estatura pero con aspecto de alfeñique. Desconcertado, revisó su mochila para verificar si no le había robado, pero todo estaba en su lugar. La única diferencia era la aparición de una nueva carta de amor.
Con desenfado, la leyó rápidamente: “Dagen, te amo profundamente. No sabes quien soy, pero no me cansare de decírtelo.”
“Vaya, vaya.” Murmuró Dagen, sonriendo ante la ironía. “Con que ese es el que ha estado enviándome esas melosas misivas. Tendré que hablar con el.”

Mas tarde, al sonar el timbre de salida, Dagen esperaba, recargándose despreocupadamente en la puerta, viendo detenidamente a todos los muchachos que salían de la escuela. Al fin divisó al mismo que había visto en su salón. Éste lo miró pero volvió la mirada rápidamente. Dando largos pasos, Dagen lo siguió y lo sujetó por la mochila, obligándolo a detenerse. Como el chico no puso resistencia, le fue relativamente sencillo arrastrarlo hasta un rincón donde nadie pudiera verlos. Hizo al chico girarse y lo miró fijamente.
“Hola.” Dijo Dagen, sonriendo con simpatía casi fingida.
“Ho-hola.” Balbuceó el muchacho.
“¿Como te llamas?”
“I-Izain....”
“Bien. Así que eres tú, Izain, la persona que me ha mandado cartas con mensajitos románticos desde hace semanas, ¿verdad?”
El rostro de Izain lucia una expresión entre asustada y nerviosa. Por lo visto, temía haber irritado a Dagen.
“Lo-lo siento. Yo no quería mo-molestarte. Es solo que...”
Dagen lo interrumpió.
“¿Quien te ha estado pagando para que me dejes cartas? ¿O es alguna clase de broma?”
Izan sacudió la cabeza.
“Nadie. Lo he hecho por mi cuenta. Es que yo te...”
Dagen soltó una carcajada despectiva. Izain se estremeció e hizo un intento por apartarse. Dagen se lo impidió, sujetando su mochila de nuevo.
“Entonces esto es peor de lo que pensé. Digo, es un poco raro que un chico le mande cartas de amor a otro chico ¿no crees?”
“Lo siento...” El rostro de Izain enrojeció y parecía a punto de ponerse a llorar.
Dagen vio que lo estaba incomodando más de lo que esperaba y lo tomó de la mano.
“Ven conmigo.”
“¿A donde?”
“A mi casa.”
“¿Pa-para que?”
“Tengo un problema. Y creo que tú eres la persona adecuada para ayudarme.”
“¿De verdad?”
“Si. ¡Vamos!”
Tímidamente, Izan siguió a Dagen, procurando no acercársele demasiado. Durante el camino, Dagen notó como Izan caminaba con cierta naturalidad, indicando que no se encontraba en una ruta que le era del todo desconocida.
“¿Vives por aquí?”
“En realidad...no.”
“¡Ah! Eso significa que ya me has de haber seguido a casa alguna vez... ¿o tal vez mas de una?”
“S-si. Pero no soy un…”
“Ya. No pasa nada.”
Izain se ruborizó exageradamente. Dagen se abstuvo de reírse en su cara, encontrando divertida la situación.
Cuando llegaron, Dagen lo invitó a pasar, dándole permiso de sentarse en el sofá de la sala de estar. Una vez que dejó su mochila sobre una silla, Dagen acompañó a Izain, sentándose a su lado. Lo miró inquisitivamente, percatándose de que su nerviosismo continuaba presente y no sabia que decirle. Antes de entrar a los “negocios”, Dagen optó por interrogarlo sobre sus intenciones al mandarle aquellas cartas.
“Te juro que nunca fue mi intención molestarte. Lo que pasa es que tú… me gustas...desde hace mucho tiempo… Se que suena raro, pero… así es.”
“Ya veo. Bien, te concedo algo. Eres el primer chico que tiene esas atenciones conmigo. O el primero que se atreve a transmitirlas, aunque sea en el anonimato. ¿Que edad tienes?”
“Doce años.”
“Oh, eres un año menor que yo.”
“Di-Dagen...”
“¿Si?”
“Me gustaría saber que es lo que piensas….sobre eso.”
“Admito que me siento halagado porque le guste a…un chico como tú. Nunca te había notado antes pero supongo que eres algo lindo. Pero no te hagas ilusiones. A mí nunca me han gustado los chicos. He tenido algunas novias, ¿sabes?”
“Si.” El tono de voz de Izain bajó a un murmullo y adoptó una expresión de leve amargura. “Lo sè.”
“Bien. Ahora, como favor o compensación, quiero que prometas que me ayudaras con algo que necesito.”
“¿De que se trata?”
Dagen le explicó todo sobre PUG, resuelto a correr ese riesgo con alguien que apenas conocía. Omitió algunas partes, como los objetivos, para no cometer errores. No podía determinar si Izain se estaba interesando en lo que decía o solo estaba contemplándolo mientras hablaba. De cualquier manera, terminó preguntándole si se comprometería a ayudarle durante las pruebas.
“Por supuesto que te ayudaré, Dagen.”
Izain sonrió por primera vez. En sus adentros solo pensaba en pasar tiempo con Dagen, conformándose con obtener, por lo menos, su amistad.
“Muy bien. Pero te advierto algo. Quizás pasemos muchos días juntos. No quiero que vayas a incordiarme con tus atenciones. Los de PUG podrían estar observándonos y no quiero quedar en ridículo. Puedes ver pero no tocar ¿entiendes?”
Izain asintió.
“Si, está bien. Yo te respetaré. Seré como tu mas fiel amigo.”
“Ya estamos entonces. Te avisaré cuando sean las pruebas y nos reuniremos en mi casa o en el lugar que nos indiquen. Dame tu mano para sellar nuestro pacto.”
La mano de Izain estrechó la de Dagen y pudo darse cuenta de cómo le afectaba ese contacto físico. Prefirió abstenerse de hacer un comentario, limitándose a sonreír y asentir con la cabeza. Izain correspondió al gesto. Después, ambos se dieron sus números telefónicos y acordaron verse cuando llegara la hora.

Durante los últimos días de clases, Dagen e Izain apenas se vieron. O más bien Dagen no lo veía, ya que Izain lo observaba a distancia siempre que tenía oportunidad.
Ya al final del último día, Dagen recibió otro mensaje de Sosh, conteniendo las instrucciones sobre la primera prueba.
Sin perder tiempo, llamó por teléfono a Izain.
“Izain, ya es hora de comenzar. Esta noche te vienes a mi casa.”
“¿Esta noche?”
“Si. La prueba tendrá lugar aquí mismo, a una hora exacta. Ven si tienes las agallas.”
“C-claro que iré. Cuenta conmigo.”
“Aquí te espero. No me falles.”
Dagen aguardó impacientemente hasta que el reloj marcó las 8:00. Izain acudió, aun sintiéndose nervioso por estar en la casa de su amor platónico.
Dagen le preguntó si no hubo inconvenientes para que pudiera darse el lujo de salir tan tarde.
“Mi mama trabaja en la noche. Pero por supuesto que le pedí permiso.”
“Pues ahora nosotros tenemos trabajo nocturno.”
“Y... ¿que es lo que haremos?”
“Primero tenemos que salir al patio.”
Ya afuera, Dagen le explicó en que consistía la prueba. Según el informe de Sosh, el nombre de la prueba era: Atrapar estrellas. Sonaba raro, pero de eso se trataba precisamente. Una ficticia “lluvia de estrellas” ocurriría en la casa de Dagen a la hora exacta que le indicaron. Él y su compañero tendrían que atrapar todas las estrellas que cayeran, dentro de un tiempo limite de treinta minutos. Si no conseguían atrapar más de cien, reprobarían la prueba. Dagen no sabía como serian esas “estrellas”, pero trajo diferentes objetos con los que esperaba atraparlas, como cubos y redes. Le entregó a Izain algunos de estos y esperaron, sin intercambiar palabras, con la vista al cielo, buscando donde podían vislumbrarse las estrellas en el cielo nocturno.
No pasó mucho tiempo para que las estrellas empezaran a caer.
“¡La prueba ha comenzado!” Exclamó Dagen. “¡Ponte abusado, Izain!”
Izain consiguió atrapar las primeras estrellas. Dagen las analizó con cuidado, percatándose de que, en realidad, eran pedazos de unicel untados con pintura plateada y brillantina.
Izain iba a recoger las estrellas que no alcanzó, pero Dagen le dijo que solo podían atraparlas cuando cayeran. No estaba permitido recogerlas del suelo.
“¡Ya vienen mas!”
Así estuvieron durante todo el tiempo que duró la prueba, corriendo de un lado para otro, procurando atrapar la mayor parte de las estrellas descendientes. No estaban seguros si estaban reuniendo la cantidad necesaria, pero debían admitir que se estaban divirtiendo, como si fueran participes de un juego infantil.
Terminaron los treinta minutos y los dos chicos empezaron a contar las estrellas que habían conseguido atrapar.
“¿Como sabrán los de PUG cuantas estrellas atrapamos si ni siquiera están aquí?” Preguntó Izain, preocupado.
“Ellos observan. No se donde ni como, pero estoy seguido de que nos vigilan en este momento.”
Fue una tarea larga, pero llegaron a la cuenta final: 105 estrellas atrapadas.
“¡Lo conseguimos!” Exclamo Dagen, dándole una palmada en la espalda al nervioso Izain. “¡Rápido! ¡Tengo que ver los resultados!”
Dagen entró a la casa, seguido por Izain y se conectó a la red inmediatamente. Revisó sus mensajes, alegrándose al encontrarse con uno de Sosh, enviado hace pocos minutos.
Felicidades, has pasado la prueba. Atrapaste 89 estrellas y tu compañero 16, dando un total de 105, por lo tanto, lo has conseguido. Espera instrucciones para la segunda prueba. De una vez te advertimos que no será tan agradable.
Minutos más tarde, un animado Dagen despedía a Izain en la puerta.
“Atrapaste menos estrellas que yo, pero sin tu ayuda no habría conseguido pasar la prueba. Muchas gracias, enserio.”
“De nada. ¿Cuantas pruebas serán?”
“Cinco. Aun nos faltan cuatro. No estoy seguro cuando comenzara la segunda, pero yo te avisaré a tiempo para que me asistas de nuevo.”
Izain lo miró nerviosamente, dudando sobre lo que quería decirle.
“¿Pu-puedo...?”
Dagen suspiró y se cruzó de brazos.
“¿Puedes que?”
“¿Puedo visitarte de vez en cuando? ¿Aun si no toca hacer las pruebas?”
“Eeeeste...si quieres. Pero no me vayas a molestar. Sabes a que me refiero, ¿no?”
“No lo haré. Lo prometo.”
Dagen le agradeció de nuevo a Izain y éste se fue, dudando sobre si debería estar feliz o triste. Dagen, en cambio, no podía estar más satisfecho. Aun tenía que poner todo su empeño en las otras pruebas, pero las posibilidades le favorecían. Izain iba a servirle de mucho.

Pasaron algunos días. Izain tenía muchas ganas de ir a ver a Dagen, pero le daba miedo ir así nada mas, temiendo provocarle un disgusto. Decidió que lo mejor era esperar. No tuvo que hacerlo mucho cuando recibió la llamada de Dagen, avisándole sobre la segunda prueba.
“¿Sabes nadar, Izain?”
“Si. ¿Porque?”
“Bueno, eso será indispensable en la segunda prueba. Nos vemos mañana a primera hora en el club deportivo Fersam. No olvides tu traje de baño. Ya te explicare allá de que se trata.”
“Entendido. Ahí estaré.”

Al día siguiente, los dos se reunieron en Fersam. Pagaron la entrada fácilmente aunque al gerente se extrañó de que vinieran tan temprano y sólo para ir a nadar a la piscina.
“Es el mejor momento del día.” Dijo Dagen, irradiando seguridad y confianza.
Momentos después, los dos estaban al borde la piscina, ya enfundados en trajes de baño. Izain apenas podía disimular su nerviosismo pero Dagen ya estaba acostumbrado a verlo en ese estado, dándole palmaditas para tranquilizarlo.
 “De... ¿De que va a ser la prueba?”
“Tenemos que estar al pendiente de un animal acuático que será soltado en la piscina. El objetivo es que lo atrapemos, y para ello, obviamente vamos a tener que nadar y sumergirnos. Sabes, aquí puedes ser de mucha utilidad, ya que no tengo mucha experiencia nadando debajo del agua. No es tu caso ¿o si?”
“Si. Sè como. Aprendí a hacerlo cuando estuve una temporada en la playa con mi mama y me empeñé en sumergirme para poder ver de cerca unos arrecifes de coral. No lo he hecho en  una piscina, pero supongo que será mas fácil.”
“Perfecto.”
“Y... ¿cuando soltaran el animal?”
“Yo creo que... ¡Ahora mismo!”
Inesperadamente, del techo descendió un pez, colocado en un dispositivo que se activó automáticamente para dejarlo caer. Aunque apenas pudieron verlo fugazmente, Dagen e Izan comprendieron que se trataba de un salmón.
“Menos mal que no fue una piraña.” Bromeó Dagen. “¡Al agua!”
Dagen e Izain entraron a la piscina y se sumergieron, emprendiendo la cacería del pez. Para Dagen era muy difícil estar bajo el agua, teniendo problemas en enfocar su visión. Cuando sintió que su mano tocaba algo que se agitaba, lo agarró rápidamente, pero solo era la pierna de Izain. Con señas, se disculpó y los dos volvieron a la caza. Parecían dar vueltas sin distinguir al pez hasta que no pudieron contener más la respiración, saliendo a la superficie para tomar aire.
“Esto no va a estar nada fácil.” Murmuró Dagen después de escupir agua.
“¿Cuanto tiempo tenemos para atrapar al pez?”
“En realidad, hasta que lleguen otros visitantes aquí. Como vez, ahorita estamos solos. Si empieza a llegar más gente, ya no podremos atrapar al pez porque nos estorbarían. Además, si alguien lo ve, nos echarán la culpa. Tenemos que atraparlo, llevárnoslo y quizás yo lo cocine para que nos lo comamos para celebrar. Pero no debemos perder tiempo o fallaremos. Tu mantente buscando en este lado y yo del otro.”
“¡De acuerdo!”
Volvieron a sumergirse y siguieron buscando. Dagen no pudo evitar ponerse nervioso en esta ocasión, temiendo fracasar. Entonces sintió algo tocándolo por atrás y se dio cuenta de que era el pez. Lo siguió, pero éste se iba más y más abajo, hasta llegar al fondo de la piscina y pronto sintió que el aire se le acababa. Entonces, percibió vio que Izain nadaba por ahí. Él también vio el pez y milagrosamente, lo atrapó con una mano. Dagen levantó el pulgar bajo el agua. Izain le tendió el pez y él lo sujetó, empezando a ascender hacia la superficie de nuevo. Una vez que respiró aire de nuevo, dejó salir un grito triunfal. Con esa proeza ya había pasado la segunda prueba.
Puso un pie fuera de la piscina y por poco resbaló al sentir un fuerte agarre que estuvo a punto de devolverlo al agua con todo y el pez que difícilmente capturaron. Ya estaba entrando en pánico, temiendo que los de PUG también hubieran soltado un pulpo, pero se dio cuenta de que sólo era Izain, que iba por la misma dirección. Percatándose de su torpeza, él se apresuró en soltarlo y los dos salieron de la piscina, con el pez aun forcejeando en manos de Dagen. Después de haberse cambiado y ocultado al pez en una mochila, Dagen sujetó a Izain por la camiseta, dirigiéndole una mirada severa.
“¿En que estabas pensando?”
“Pe-perdón...”
“¡Por poco y lo echas a perder! Deja de seguir por mi lado todo el tiempo, admirando mi atractivo. Se supone que debíamos abarcar los dos lados o fallaríamos.”
“Lo siento mucho, Dagen. El agua no me dejó ver con claridad.”
“¡Debería golpearte para que aprendieras a tener mas cuidado!”
“Hazlo. Me…me lo merezco...”
Dagen alzó su puño, dispuesto a golpear a Izain en el rostro, pero sin saber porque, se detuvo en el último momento. Lo soltó y se dio media vuelta.
“Bah, no te daré el gusto, porque apuesto a que lo disfrutarías. Regresa a tu casa. Ya pasamos la prueba y no te necesito más por ahora. Me comeré el salmón yo solo.”
“Dagen...”
“Ya me oíste. Largo.”
Dagen empezó a alejarse.
“¿Me avisaras cuando sea la siguiente prueba?”
Dagen no dijo nada y se apresuró a alejarse. Estaba muy enojado. No se volvió en ningún momento, perdiéndose la visión del rostro de Izain, sumido en la tristeza.

Continuará....

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