Por:
Sergio J. López J.
Dagen era un chico afortunado. O por lo menos, esa era
la impresión que transmitía generalmente. A los 13 años, era uno de los
estudiantes más destacados en su escuela, sobresaliendo en múltiples aéreas. Recibía
la aprobación de los maestros, la admiración de los chicos y la atención de las
chicas, ganándose a todos con su habla ingeniosa que le permitía sostener agradables
conversaciones. Aparentaba ser algo presumido pero al mismo tiempo emitía tanto
carisma natural que hacía imposible el despertar celos o desprecio en cualquier
persona que lo conociera.
Sin embargo, había cosas que nadie sabia sobre Dagen.
Ni siquiera sus padres, los cuales llevaban meses de viaje (no eran ricos pero tenían
una vida fácil), dejando a su hijo solo, cuidando la casa.
El cambio vino eventualmente.
Faltaban pocos días para que terminaran las clases y
comenzaran las vacaciones de verano. Dagen estaba empezando a distraerse un
poco, aunque no dejaba de cumplir con sus deberes. Tenía algo metido en su
cabeza que no lo dejaba concentrarse lo suficiente. Algo que le importaba y le
preocupaba al mismo tiempo. No se trataba de algo que pudiera o quisiera
comentar con sus amigos ni con las chicas con las que salía ocasionalmente. No
era algo que pudiera divulgar particularmente con nadie.
Aquella ocasión, se encontraba inmerso en ese
pensamiento mientras se preparaba para regresar a casa, moviéndose casi en modo
automático cuando sonó la campana de salida. Distraídamente, recogió un sobre
que alguien había dejado sobre su escritorio. Sintiendo curiosidad, abrió el
sobre y se dio cuenta de que era otra carta de amor. Hacia semanas que había
recibido varias, todas del mismo estilo, indicando que provenían de parte de la
misma persona. Considerando que era el objeto de afecto de muchas chicas, era
natural que le dejaran cartas, pero en el caso de Dagen, casi siempre ellas se
le lanzaban directamente, ya que era muy fácil hablar con él. Dagen asumía que
quien quiera que fuera la chica que le enviaba esas cartas, debía ser muy tímida.
Encogiéndose de hombros, dobló la carta y se fue a
casa.
“Tengo que revisar la información de nuevo.” Se
recordaba a si mismo mientras caminaba y repetía aquella obsesión. “PUG.”
Esto era lo que más le importaba actualmente. PUG. Un
pensamiento obsesivo en su mente. Un asunto pendiente al que le daba cierta
prioridad.
Apenas hubo llegado a casa, en vez de prepararse la
comida, encendió la computadora y se conectó a la red, ansiosos y repitiéndose
por enésima vez la obsesiva idea en su mente. PUG.
PUG. Una especie de rumor que había surgido en
diversos sitios de la red. Casi nadie conocía su significado ni a que se
referían exactamente las siglas.
Captó el interés de Dagen casi casualmente,
incitándolo a deducir lo que había detrás de esas palabras, identificándolo
como algo muy simple. Una invitación. Básicamente, PUG era una especie de grupo
o sociedad secreta, la cual buscaba, con mucha sutileza, nuevos miembros.
Debido a que era muy curioso por naturaleza, su interés por PUG creció, al
grado de proceder con la investigación exhaustiva de cada sitio donde encontró
las vagas referencias, tomando la resolución de que independientemente de lo
que encubriera PUG, él sería parte de ello. De acuerdo a sus conclusiones,
perfilaba la P como Proyecto, y la U como Ultimo o Ultima (como no fuera algo más ambiguo,
como Unificación o Unilateral). Solamente tenía problemas
con la G, vislumbrando múltiples
opciones. Bien podría ser de Generación,
Génesis, General, Guerra o hasta
lo que deseaba que no fuera. De cualquier modo, Dagen trató de contactar a
algunos que hablaron del PUG y recibió una sola contestación. No le dieron
grandes detalles pero le aseguraron que el propósito principal del PUG era
provocar un cambio positivo y monumental en el mundo, siguiendo una dirección
que acabaría con las reglas que subyugaban a todos y conseguir que lo anormal
fuera normal.
Decidido, Dagen solicitó unirse al PUG para averiguar
como operaban. ¿La razón? No se molestaba en preguntársela. Todo era por la
curiosidad que lo impulsaba, en su esfuerzo por salir de una rutina monótona.
Y esa tarde, recibió la contestación esperaba a través
de un correo electrónico que decía:
“¿Así que
quieres formar parte del PUG? Muy bien. Las personas que insisten con tanta
sinceridad e iniciativa merecen una oportunidad y a ti te la concederemos.
Sabemos quien eres y te observaremos de cerca. Para poder aceptarte, tendrás
que participar en una serie de pruebas y/o proyectos con los que consideraremos
si tienes lo necesario. Te sugerimos conseguir un compañero, alguien de
confianza, porque dudamos que tú solo puedas aprobar las pruebas. Próximamente
te enviaremos instrucciones para que estés al tanto de cada una de las pruebas
y como debes realizarlas. Prepárate y seguimos en contacto.”
Atte.:
Sosh
Dagen no era de los que gustan de perder la
compostura, por lo que le costó trabajo no ponerse a brincar de alegría y
excitación (pese a que no había testigos mas el mensaje le indicaba que podían
estarlo vigilando sin que lo supiera).
“¡Por fin!” Exclamó Dagen, sin poder contenerse,
procediendo a frotarse las manos. “Una oportunidad.”
Entonces se dio cuenta del inconveniente. ¿Un
compañero? ¿Como conseguir uno si no confiaba en nadie en particular? Entre
tantos amigos y conquistas, no había nadie con quien pudiera sentirse tan
confidente. Adoptar un compañero iba a estar difícil. Si no escogía al
adecuado, todo se echaría a perder.
Rayos, pensó. ¿Y ahora que voy a hacer?
Al día siguiente, la inquietud acompañó a Dagen
durante su estancia en la escuela, dificultándole el concentrarse. No podía
estar seguro de en quien podría confiar para que fuera su compañero en las
pruebas. Consideró a muchos pero al final siempre concluía por una u otra razón
que lo de PUG era demasiado grande para compartirlo y el involucrarlos complicaría
mucho las cosas.
Estaba aburriéndose en la clase de deportes y decidió
regresar al salón para seguir repasando posibles candidatos en su mente (pero
ya casi no le quedaba ninguno). Al entrar, descubrió a alguien hurgando en su
mochila, tomándolo por un ladrón. Iba a llamarle la atención cuando éste se levantó
y se marchó sigilosamente por la puerta, sin darse cuenta de que Dagen lo había
visto. Apenas alcanzó a verlo bien. Era un muchacho, casi de su misma estatura
pero con aspecto de alfeñique. Desconcertado, revisó su mochila para verificar
si no le había robado, pero todo estaba en su lugar. La única diferencia era la
aparición de una nueva carta de amor.
Con desenfado, la leyó rápidamente: “Dagen, te amo profundamente. No sabes quien
soy, pero no me cansare de decírtelo.”
“Vaya, vaya.” Murmuró Dagen, sonriendo ante la ironía.
“Con que ese es el que ha estado enviándome esas melosas misivas. Tendré que
hablar con el.”
Mas tarde, al sonar el timbre de salida, Dagen
esperaba, recargándose despreocupadamente en la puerta, viendo detenidamente a
todos los muchachos que salían de la escuela. Al fin divisó al mismo que había
visto en su salón. Éste lo miró pero volvió la mirada rápidamente. Dando largos
pasos, Dagen lo siguió y lo sujetó por la mochila, obligándolo a detenerse. Como
el chico no puso resistencia, le fue relativamente sencillo arrastrarlo hasta
un rincón donde nadie pudiera verlos. Hizo al chico girarse y lo miró
fijamente.
“Hola.” Dijo Dagen, sonriendo con simpatía casi
fingida.
“Ho-hola.” Balbuceó el muchacho.
“¿Como te llamas?”
“I-Izain....”
“Bien. Así que eres tú, Izain, la persona que me ha
mandado cartas con mensajitos románticos desde hace semanas, ¿verdad?”
El rostro de Izain lucia una expresión entre asustada
y nerviosa. Por lo visto, temía haber irritado a Dagen.
“Lo-lo siento. Yo no quería mo-molestarte. Es solo
que...”
Dagen lo interrumpió.
“¿Quien te ha estado pagando para que me dejes cartas?
¿O es alguna clase de broma?”
Izan sacudió la cabeza.
“Nadie. Lo he hecho por mi cuenta. Es que yo te...”
Dagen soltó una carcajada despectiva. Izain se
estremeció e hizo un intento por apartarse. Dagen se lo impidió, sujetando su
mochila de nuevo.
“Entonces esto es peor de lo que pensé. Digo, es un
poco raro que un chico le mande cartas de amor a otro chico ¿no crees?”
“Lo siento...” El rostro de Izain enrojeció y parecía
a punto de ponerse a llorar.
Dagen vio que lo estaba incomodando más de lo que
esperaba y lo tomó de la mano.
“Ven conmigo.”
“¿A donde?”
“A mi casa.”
“¿Pa-para que?”
“Tengo un problema. Y creo que tú eres la persona
adecuada para ayudarme.”
“¿De verdad?”
“Si. ¡Vamos!”
Tímidamente, Izan siguió a Dagen, procurando no
acercársele demasiado. Durante el camino, Dagen notó como Izan caminaba con
cierta naturalidad, indicando que no se encontraba en una ruta que le era del
todo desconocida.
“¿Vives por aquí?”
“En realidad...no.”
“¡Ah! Eso significa que ya me has de haber seguido a
casa alguna vez... ¿o tal vez mas de una?”
“S-si. Pero no soy un…”
“Ya. No pasa nada.”
Izain se ruborizó exageradamente. Dagen se abstuvo de
reírse en su cara, encontrando divertida la situación.
Cuando llegaron, Dagen lo invitó a pasar, dándole
permiso de sentarse en el sofá de la sala de estar. Una vez que dejó su mochila
sobre una silla, Dagen acompañó a Izain, sentándose a su lado. Lo miró
inquisitivamente, percatándose de que su nerviosismo continuaba presente y no
sabia que decirle. Antes de entrar a los “negocios”, Dagen optó por interrogarlo
sobre sus intenciones al mandarle aquellas cartas.
“Te juro que nunca fue mi intención molestarte. Lo que
pasa es que tú… me gustas...desde hace mucho tiempo… Se que suena raro, pero…
así es.”
“Ya veo. Bien, te concedo algo. Eres el primer chico
que tiene esas atenciones conmigo. O el primero que se atreve a transmitirlas,
aunque sea en el anonimato. ¿Que edad tienes?”
“Doce años.”
“Oh, eres un año menor que yo.”
“Di-Dagen...”
“¿Si?”
“Me gustaría saber que es lo que piensas….sobre eso.”
“Admito que me siento halagado porque le guste a…un
chico como tú. Nunca te había notado antes pero supongo que eres algo lindo. Pero
no te hagas ilusiones. A mí nunca me han gustado los chicos. He tenido algunas
novias, ¿sabes?”
“Si.” El tono de voz de Izain bajó a un murmullo y adoptó
una expresión de leve amargura. “Lo sè.”
“Bien. Ahora, como favor o compensación, quiero que
prometas que me ayudaras con algo que necesito.”
“¿De que se trata?”
Dagen le explicó todo sobre PUG, resuelto a correr ese
riesgo con alguien que apenas conocía. Omitió algunas partes, como los
objetivos, para no cometer errores. No podía determinar si Izain se estaba
interesando en lo que decía o solo estaba contemplándolo mientras hablaba. De
cualquier manera, terminó preguntándole si se comprometería a ayudarle durante
las pruebas.
“Por supuesto que te ayudaré, Dagen.”
Izain sonrió por primera vez. En sus adentros solo
pensaba en pasar tiempo con Dagen, conformándose con obtener, por lo menos, su
amistad.
“Muy bien. Pero te advierto algo. Quizás pasemos
muchos días juntos. No quiero que vayas a incordiarme con tus atenciones. Los
de PUG podrían estar observándonos y no quiero quedar en ridículo. Puedes ver
pero no tocar ¿entiendes?”
Izain asintió.
“Si, está bien. Yo te respetaré. Seré como tu mas fiel
amigo.”
“Ya estamos entonces. Te avisaré cuando sean las
pruebas y nos reuniremos en mi casa o en el lugar que nos indiquen. Dame tu
mano para sellar nuestro pacto.”
La mano de Izain estrechó la de Dagen y pudo darse
cuenta de cómo le afectaba ese contacto físico. Prefirió abstenerse de hacer un
comentario, limitándose a sonreír y asentir con la cabeza. Izain correspondió
al gesto. Después, ambos se dieron sus números telefónicos y acordaron verse
cuando llegara la hora.
Durante los últimos días de clases, Dagen e Izain apenas
se vieron. O más bien Dagen no lo veía, ya que Izain lo observaba a distancia
siempre que tenía oportunidad.
Ya al final del último día, Dagen recibió otro mensaje
de Sosh, conteniendo las instrucciones sobre la primera prueba.
Sin perder tiempo, llamó por teléfono a Izain.
“Izain, ya es hora de comenzar. Esta noche te vienes a
mi casa.”
“¿Esta noche?”
“Si. La prueba tendrá lugar aquí mismo, a una hora
exacta. Ven si tienes las agallas.”
“C-claro que iré. Cuenta conmigo.”
“Aquí te espero. No me falles.”
Dagen aguardó impacientemente hasta que el reloj marcó
las 8:00. Izain acudió, aun sintiéndose nervioso por estar en la casa de su
amor platónico.
Dagen le preguntó si no hubo inconvenientes para que
pudiera darse el lujo de salir tan tarde.
“Mi mama trabaja en la noche. Pero por supuesto que le
pedí permiso.”
“Pues ahora nosotros tenemos trabajo nocturno.”
“Y... ¿que es lo que haremos?”
“Primero tenemos que salir al patio.”
Ya afuera, Dagen le explicó en que consistía la
prueba. Según el informe de Sosh, el nombre de la prueba era: Atrapar estrellas. Sonaba raro, pero de
eso se trataba precisamente. Una ficticia “lluvia de estrellas” ocurriría en la
casa de Dagen a la hora exacta que le indicaron. Él y su compañero tendrían que
atrapar todas las estrellas que cayeran, dentro de un tiempo limite de treinta
minutos. Si no conseguían atrapar más de cien, reprobarían la prueba. Dagen no sabía
como serian esas “estrellas”, pero trajo diferentes objetos con los que
esperaba atraparlas, como cubos y redes. Le entregó a Izain algunos de estos y
esperaron, sin intercambiar palabras, con la vista al cielo, buscando donde
podían vislumbrarse las estrellas en el cielo nocturno.
No pasó mucho tiempo para que las estrellas empezaran a caer.
“¡La prueba ha comenzado!” Exclamó Dagen. “¡Ponte
abusado, Izain!”
Izain consiguió atrapar las primeras estrellas. Dagen
las analizó con cuidado, percatándose de que, en realidad, eran pedazos de
unicel untados con pintura plateada y brillantina.
Izain iba a recoger las estrellas que no alcanzó, pero
Dagen le dijo que solo podían atraparlas cuando cayeran. No estaba permitido
recogerlas del suelo.
“¡Ya vienen mas!”
Así estuvieron durante todo el tiempo que duró la
prueba, corriendo de un lado para otro, procurando atrapar la mayor parte de
las estrellas descendientes. No estaban seguros si estaban reuniendo la
cantidad necesaria, pero debían admitir que se estaban divirtiendo, como si
fueran participes de un juego infantil.
Terminaron los treinta minutos y los dos chicos
empezaron a contar las estrellas que
habían conseguido atrapar.
“¿Como sabrán los de PUG cuantas estrellas atrapamos
si ni siquiera están aquí?” Preguntó Izain, preocupado.
“Ellos observan. No se donde ni como, pero estoy
seguido de que nos vigilan en este momento.”
Fue una tarea larga, pero llegaron a la cuenta final: 105
estrellas atrapadas.
“¡Lo conseguimos!” Exclamo Dagen, dándole una palmada
en la espalda al nervioso Izain. “¡Rápido! ¡Tengo que ver los resultados!”
Dagen entró a la casa, seguido por Izain y se conectó
a la red inmediatamente. Revisó sus mensajes, alegrándose al encontrarse con uno
de Sosh, enviado hace pocos minutos.
Felicidades,
has pasado la prueba. Atrapaste 89 estrellas y tu compañero 16, dando un total
de 105, por lo tanto, lo has conseguido. Espera instrucciones para la segunda
prueba. De una vez te advertimos que no será tan agradable.
Minutos más tarde, un animado Dagen despedía a Izain
en la puerta.
“Atrapaste menos estrellas que yo, pero sin tu ayuda
no habría conseguido pasar la prueba. Muchas gracias, enserio.”
“De nada. ¿Cuantas pruebas serán?”
“Cinco. Aun nos faltan cuatro. No estoy seguro cuando
comenzara la segunda, pero yo te avisaré a tiempo para que me asistas de
nuevo.”
Izain lo miró nerviosamente, dudando sobre lo que quería
decirle.
“¿Pu-puedo...?”
Dagen suspiró y se cruzó de brazos.
“¿Puedes que?”
“¿Puedo visitarte de vez en cuando? ¿Aun si no toca
hacer las pruebas?”
“Eeeeste...si quieres. Pero no me vayas a molestar.
Sabes a que me refiero, ¿no?”
“No lo haré. Lo prometo.”
Dagen le agradeció de nuevo a Izain y éste se fue, dudando
sobre si debería estar feliz o triste. Dagen, en cambio, no podía estar más
satisfecho. Aun tenía que poner todo su empeño en las otras pruebas, pero las
posibilidades le favorecían. Izain iba a servirle de mucho.
Pasaron algunos días. Izain tenía muchas ganas de ir a
ver a Dagen, pero le daba miedo ir así nada mas, temiendo provocarle un
disgusto. Decidió que lo mejor era esperar. No tuvo que hacerlo mucho cuando
recibió la llamada de Dagen, avisándole sobre la segunda prueba.
“¿Sabes nadar, Izain?”
“Si. ¿Porque?”
“Bueno, eso será indispensable en la segunda prueba.
Nos vemos mañana a primera hora en el club deportivo Fersam. No olvides tu
traje de baño. Ya te explicare allá de que se trata.”
“Entendido. Ahí estaré.”
Al día siguiente, los dos se reunieron en Fersam.
Pagaron la entrada fácilmente aunque al gerente se extrañó de que vinieran tan
temprano y sólo para ir a nadar a la piscina.
“Es el mejor momento del día.” Dijo Dagen, irradiando
seguridad y confianza.
Momentos después, los dos estaban al borde la piscina,
ya enfundados en trajes de baño. Izain apenas podía disimular su nerviosismo
pero Dagen ya estaba acostumbrado a verlo en ese estado, dándole palmaditas
para tranquilizarlo.
“De... ¿De que va
a ser la prueba?”
“Tenemos que estar al pendiente de un animal acuático
que será soltado en la piscina. El objetivo es que lo atrapemos, y para ello,
obviamente vamos a tener que nadar y sumergirnos. Sabes, aquí puedes ser de
mucha utilidad, ya que no tengo mucha experiencia nadando debajo del agua. No
es tu caso ¿o si?”
“Si. Sè como. Aprendí a hacerlo cuando estuve una
temporada en la playa con mi mama y me empeñé en sumergirme para poder ver de
cerca unos arrecifes de coral. No lo he hecho en una piscina, pero supongo que será mas fácil.”
“Perfecto.”
“Y... ¿cuando soltaran el animal?”
“Yo creo que... ¡Ahora mismo!”
Inesperadamente, del techo descendió un pez, colocado
en un dispositivo que se activó automáticamente para dejarlo caer. Aunque
apenas pudieron verlo fugazmente, Dagen e Izan comprendieron que se trataba de
un salmón.
“Menos mal que no fue una piraña.” Bromeó Dagen. “¡Al
agua!”
Dagen e Izain entraron a la piscina y se sumergieron, emprendiendo
la cacería del pez. Para Dagen era muy difícil estar bajo el agua, teniendo
problemas en enfocar su visión. Cuando sintió que su mano tocaba algo que se
agitaba, lo agarró rápidamente, pero solo era la pierna de Izain. Con señas, se
disculpó y los dos volvieron a la caza. Parecían dar vueltas sin distinguir al
pez hasta que no pudieron contener más la respiración, saliendo a la superficie
para tomar aire.
“Esto no va a estar nada fácil.” Murmuró Dagen después
de escupir agua.
“¿Cuanto tiempo tenemos para atrapar al pez?”
“En realidad, hasta que lleguen otros visitantes aquí.
Como vez, ahorita estamos solos. Si empieza a llegar más gente, ya no podremos
atrapar al pez porque nos estorbarían. Además, si alguien lo ve, nos echarán la
culpa. Tenemos que atraparlo, llevárnoslo y quizás yo lo cocine para que nos lo
comamos para celebrar. Pero no debemos perder tiempo o fallaremos. Tu mantente
buscando en este lado y yo del otro.”
“¡De acuerdo!”
Volvieron a sumergirse y siguieron buscando. Dagen no
pudo evitar ponerse nervioso en esta ocasión, temiendo fracasar. Entonces
sintió algo tocándolo por atrás y se dio cuenta de que era el pez. Lo siguió,
pero éste se iba más y más abajo, hasta llegar al fondo de la piscina y pronto
sintió que el aire se le acababa. Entonces, percibió vio que Izain nadaba por
ahí. Él también vio el pez y milagrosamente, lo atrapó con una mano. Dagen levantó
el pulgar bajo el agua. Izain le tendió el pez y él lo sujetó, empezando a
ascender hacia la superficie de nuevo. Una vez que respiró aire de nuevo, dejó
salir un grito triunfal. Con esa proeza ya había pasado la segunda prueba.
Puso un pie fuera de la piscina y por poco resbaló al
sentir un fuerte agarre que estuvo a punto de devolverlo al agua con todo y el
pez que difícilmente capturaron. Ya estaba entrando en pánico, temiendo que los
de PUG también hubieran soltado un pulpo, pero se dio cuenta de que sólo era
Izain, que iba por la misma dirección. Percatándose de su torpeza, él se apresuró
en soltarlo y los dos salieron de la piscina, con el pez aun forcejeando en
manos de Dagen. Después de haberse cambiado y ocultado al pez en una mochila,
Dagen sujetó a Izain por la camiseta, dirigiéndole una mirada severa.
“¿En que estabas pensando?”
“Pe-perdón...”
“¡Por poco y lo echas a perder! Deja de seguir por mi
lado todo el tiempo, admirando mi atractivo. Se supone que debíamos abarcar los
dos lados o fallaríamos.”
“Lo siento mucho, Dagen. El agua no me dejó ver con
claridad.”
“¡Debería golpearte para que aprendieras a tener mas
cuidado!”
“Hazlo. Me…me lo merezco...”
Dagen alzó su puño, dispuesto a golpear a Izain en el
rostro, pero sin saber porque, se detuvo en el último momento. Lo soltó y se
dio media vuelta.
“Bah, no te daré el gusto, porque apuesto a que lo
disfrutarías. Regresa a tu casa. Ya pasamos la prueba y no te necesito más por
ahora. Me comeré el salmón yo solo.”
“Dagen...”
“Ya me oíste. Largo.”
Dagen empezó a alejarse.
“¿Me avisaras cuando sea la siguiente prueba?”
Dagen no dijo nada y se apresuró a alejarse. Estaba
muy enojado. No se volvió en ningún momento, perdiéndose la visión del rostro
de Izain, sumido en la tristeza.
Continuará....
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